
Capítulo 4 “Mal de alcoholes”
La lluvia había hecho su primera aparición. Encontrábanse los actores y camarógrafos mirando el suceso que nos les permitiría grabar las escenas en el exterior. Adentro, el equipo de producción me mandó a avisar a los espectadores de la lluvia que lamentablemente se suspendía la jornada de trabajo.
─ ¡Pero que suerte atroz nos toca a nosotros! ─ Dijo Robert dejando advertir un tono sarcástico.
─ Resistan un poco más ─ Dijo Katie Jacobs que se dirigía a su auto. ─ Sólo finalizamos este y otro episodio y nos vamos a la playa un par de semanas.
Poco a poco el estacionamiento fue vaciándose. Noté que por ningún lado se hallaba el automóvil de Lisa. Al dirigirme hacia mi camioneta alcancé a escuchar que Hugh se ofrecía para llevar a Lisa a su casa, pero ella lo rechazó con la excusa de que esperaba a alguien.
─ ¿Quién es el nuevo enemigo de nosotros vuestros celosos fans? ─ Pregunté a Lisa al alejarse Hugh.─ ¿A quién esperáis?
─ A ti. ─ dijo mientras me quitaba las llaves de mi camioneta y abría la puerta.
─ ¿Cómo…? ¡¿Yoooo?! Pero….─ ¡Ella si que sabía como dejarme confundido!
─ Es simple…. Tú me llevarás a casa.─ Me dijo con una tranquilidad preocupante. ─ Por cierto, hoy tengo ganas de conducir. ¡Sube, copiloto!
─ Normalmente no dejo a nadie más conducir mi camioneta….─ me miró con un gesto infantil de súplica. Una mueca femenina que no había podido resistir nunca.─ Pero, me caes bien. ¡No la subas a más de veinte!
Al subir al auto, miré por el retrovisor que Hugh nos observaba partir. Lisa sintonizó en la radio “Sad songs” de Elton John.
─ “Guess there are times when we all need to share a little pain….”─ Comenzó a cantar Lisa mientras aceleraba. ─ ¡Canta conmigo, “Sir Eros John”!
─ ¡Conducís como mi hermano menor! ¡AAAAAA! ─ Había tomado rápido una curva cerrada.─ Ese no es el camino a vuestra casa. ¡Un topeeee! ─ me encontraba ya aferrado al asiento. La lluvia no permitía ver bien el camino solitario.─ ¡Cuidado, un pato!
─ A ver, “Sir paranoia”, relájese. Hace mucho que no veo patos por las calles de Los Ángeles, así que dale una tregua al asiento y canta conmigo: “Turn them on, Turn them on, Turn of those sad songs….”
La eufórica conductora había decidido secuestrarme por el camino largo a su casa. Se notaba en sus ojos húmedos que algo andaba mal, y quería ocultarlo al cantar a todo pulmón.
─ “….and it feels so good to hurt so bad, and suffer just enough to sing the blues.”
─ “Turn them on, turn them on, turn on those sad songs” ─ Decidí acompañarle
─ “When all hope is gone, sad songs say so much”
─ “When all hope is gone, sad songs say so much”
Varias manzanas después, nos detuvimos en una tienda de auto servicio. Bajé a buscar la barra de chocolate, las gomitas, la paleta helada, el café y los nachos con mucho queso que me pidió.
─ Lindo cabello. Los hombres con cabello largo son tan sexys.─ Me coqueteó la mujer de la caja registradora.
─ Y eso que no lo ha visto seco.
Cuando mi cabello mojado y yo regresamos a la camioneta, notamos (bueno, sólo yo noté) que Lisa enjugaba algunas lágrimas que desfilaban por su rostro.
─ ¿Y el café?
─ Si así conducís sin cafeína….
─ ¿Y el chocolate?
─ A aquí está…. Espera ¿Dónde…? ¡Ah! Aquí.
─ ¿Y las gomitas?
─ Las compartiremos
─ ¿Y la paleta helada?
─ No creí que fuera en serio….
─ ¿Y las galletas?
─ ¡No pedisteis galletas!
─ Por lo menos trajiste los nachos ¿verdad?
─ Sé que no son de vuestro agrado los nachos con queso. Lo he leído en esta revista. ¡Mirad! Salís Hugh y vos en la portada.─ Arrojó la revista al asiento trasero.─ Pero traje esto…. ¡Doritos con queso para nachos!
─ ¿Puedes volver por una bebida?
─ Puedo exprimir el agua de mi cabello en una botella….─ Me obsequió una linda sonrisa entre lágrimas reprimidas. ─ Puedo volver por algunas cajas de pañuelos….
Regresé a la tienda de autoservicio y la mujer de la caja registradora no paraba de coquetearme.
─ Sí, a mi esposa le encantan las galletas con chocolate ─ Dije guiñándole un ojo mientras se disipaba su sonrisa coqueta. En otra ocasión tal vez terminaría en la casa de aquella mujer (cenando claro) pero ahora estaba en medio de una misión suicida.
Cuando retorné a la camioneta, encontré a Lisa con la mitad inferior del cuerpo en su asiento mientras la mitad superior hurgaba en los asientos posteriores.
─ ¡Lady Edel! ¿Qué buscáis tan fisgonamente?
─ Se me perdió mi inexistente anillo de matrimonio.─ Dijo esto a la vez que me miró con un gesto tan sensual que me dejó embelesado y desconcertado.─ ¿”Edel”?
─ Es vuestro…. Vuestro adjetivo perfecto.
─ ¡Wow! Literalmente te sientes “como en casa” en tu auto.
Miraba divertida mis fotografías familiares mientras daba pequeños sorbos a mi botella de Vodka. ¿A eso debía adjudicar su comportamiento? Además, ella no bebe ¡Y menos Stolichnaya Elit!
─ A juzgar por lo que tienes aquí, diría que llevas varios días viviendo aquíporciertoestoyembarazadaqué pasó con tu departamento?
─ Culpa de Frank. Sí llevo varios días viviendo aquí…. ¿QUÉ?
Yo no había bebido nada, no imaginé lo que me acababa de decir. Sin embargo, Edel seguía sonriendo con mis fotografías como si me acabase de decir que Su Majestad La Reina Elizabeth II tiene como 200 años. Me pareció eterno el instante en que me quedé sin aliento hasta que se le ocurrió responderme.
─ Es que…. Es que…. ¡Es que no puedo creer que cayeras!
Le aparté el Vodka y cambiamos de asiento. Conducía yo todavía con el nudo en la garganta. Pasamos varias manzanas sin hablar. Escuchábamos “Feelings” (Celine Dion y Julio Iglesias) cuando retomó la botella.
─ Eros…. ¿Tú sabes que eres mi amigo? ─ Asentí palmeando su hombro ─ Y confío en ti, por eso debo decirte que…. Estoy embarazada.
Frené en seco (lo que es una ironía en un día lluvioso). Me volví hacia ella con los ojos muy abiertos. Le arrebaté la botella de Stolichnaya como diciendo “entonces no debería beber” y di un precipitado trago.
─ ¡Y no puedo…! ¡No puedo…! ─ Dijo como si fuera a llorar y sintonizó “I get around” (The Beach boys) ─ ¡Creer que cayeras de nuevo!
Se echó a reír como si no me hubiese casi matado del susto dos veces. Bajé de la camioneta para ordenarme las ideas y volví dejando la puerta abierta.
─ ¡Sabéis que podría asesinarte y ocultarte en la cajuela!
─ No lo harías, me extrañarías mucho.─ Dijo con un tono bastante provocativo.
─ ¿Está coqueteándome?─ Susurré. Debía ser el vodka.
La puerta seguía abierta y Edel se inclinó sobre mí…. Para cerrarla. No sabía que pensar. Mi cabeza estaba apunto de hacer cortocircuito debido a la confusión a la que Edel me sometía.
El resto del camino pasó desapercibido. Al llegar a su casa, me invitó a pasar. Notábase que esta noche sentíase sola y necesitaba un amigo para hablar. Lo curioso era que en eso casos (si bien Lisa y yo habíamos forjado una gran amistad) ellas suelen llamar a sus amigas y hablan durante horas. Desde el momento en que me jugó la broma del embarazo, no hice más que preguntarme: ¿por qué me buscó a mí?
Conversamos sobre mi falta de departamento a causa de una maldad de Frank.
─ Soy muy quisquilloso para elegir donde quedarme.
Entre broma y broma me invitó a quedarme en su casa en lo que yo encontraba residencia estable. No supe que decirle puesto que el Vodka aún le hacía efecto, mas no podía dejarle sola en ese momentos. Ayudome a trasladar mis cosas de la camioneta a la habitación de huéspedes. Al percatarme de que paseaba la botella de Stoli, sugerí preparar Caipiroska de fresa (con poco vodka para ella).
─ ¿También eres barman?─ Me miraba preparar hábilmente la bebida.
─ Bueno, me gusta hacer de todo el bar. Regularmente sólo el espectáculo.
Todo iba bien hasta que retomó su actitud de cortejo. No era el inocente coqueteo al que solía jugar para molestar a Hugh. No pude ver razón aceptable para explicar lo que hizo a continuación: Nos encontrábamos frente a frente con la mesita de centro entre nosotros. Dejó su Caipiroska de lado, rodeó hacia mí y atrapó mi boca con la suya en un beso ansioso. Me abrazó con la misma ansiedad y fue entonces cuando caí en la cuenta. Suavemente la aparté de mí y enjugué sus lágrimas con mis manos.
─ No hagáis esto, Edel. No podré hacer que le olvides…. Nadie podrá….
─ ¡Se irá, Eros! ¡Se alejará de mí para siempre!
Tomé lo que quedaba de mi bebida de un solo trago e hice lo mismo con la suya. Me acomodé en el sofá, previendo que sería una velada larga
─ Vuelve a Inglaterra y esta vez definitivamente.
─ ha dicho que volvería desde el episodio piloto de la serie….
Lisa sonrió al rememorar las infinitas veces que escuchó las infinitas quejas de Hugh sobre lo pesado del trabajo (aunque sólo se mostrase así con nosotros y no frente a los demás).
─ Es decir, es un trabajo bastante exigente…. Tantos años de ser House ¡cansaría a cualquiera!─ Edel hablaba sin reprimir del todo su llanto.─ El descuido de su familia por estar en la serie….
─ La serie ¡Si claro! ¡Terminará matándole! ─ Interrumpí sarcástico.─ Y aunque esa fuese la razón, no puede dejarles sólo así ¡y pueden seguir frecuentándose!
─ ¿Crees tú?─ Dijo con un tono irónico.
─ Habladme claro, no se va por eso y nadie lo creería. Lo necesitas….─ Dirigiome una mirada incómoda.─…. Desahogarte, necesitáis desahogar las penas.
Un momento después habíase derrumbado sobre mi hombro, vaciando su corazón inundado de lágrimas.
Me habló de su primer encuentro, casual, nada particular: “uno de los tipos guapos con los que me tocaba trabajar”. Tirose en el sofá estirando los pies sobre mi regazo, al momento de contarme sobre su primera escena juntos; “Una chispa…. Una afinidad”. Tomó una cajita al rememorar la cena después del episodio piloto. Él había quedado en pasar por ella para encontrarse después con Robert, Omar, Jesse y Jen.
─ llegó apurado en taxi con el corbatín desaliñado, justo cuando Jen me llamaba para decir que se perdieron las reservaciones. Entonces dijo con un cómico acento “Podemos i al Love´s Riddle, no queda lejos….”
─ ¿Cómico?
─ Sólo lo había oído hablar como estadounidense, me pareció cómico su acento inglés diciendo “Love´s Riddle”. Me sonó a personaje de Harry Potter.
Continuó su relato con la vista perdida en sus memorias y jugueteando con la cajita. Se le dibujó una sonrisa al contarme que subieron al taxi divertidos huyendo de la lluvia. Recorrieron en silencio un par de cuadras y él empezó a buscar en sus bolsillos. Entonces ella le acomodó el corbatín a la vez que él sacaba un ramillete que prendió a su vestido.
Sus miradas encontráronse por primera vez.
─ Cuando bajamos del taxi el tipo que conducía gritó “feliz aniversario” y Hugh se ruborizó hasta parecer una manzana.
Me explicó como habíase forjado entre ellos una gran amistad: “Tan culto, divertido ¡Y guapo!” Pero sin evitar una notoria atracción que los fue llevando más allá de sólo una simple amistad.
─ ¿Crees que pudiera darse una gran amistad entre un hombre y una mujer?
─ Creo que sería de las amistades más puras y difíciles de mantener.
─ ¿Pero existiría sólo amistad?─ Insistió mientras sacaba de la cajita un libro miniatura que atesoraba aquella pequeña flor que, al parecer aún conservaba aroma.
─ No es “sólo amistad”. Como has dicho si fuese una gran amistad tampoco sería algo simple. Algunas evolucionan de una forma; otras, de distinta….
─ Y al mirar a un lago en un día nublado, esperar en el horizonte encontrarle, en el amanecer hallar un romance, y perdernos otra vez en el ocaso….
─ La inspiración te ha llegado.
─ ¡El vodka!─ Dijo con un tono burlón.─ ¡Y este librito de poesía!
Su rostro surcado por el llanto se apaciguó. En esencia, notábase cansada. Trajo, de la ahora mi habitación, algunos CD’s y los colocó en el estéreo. Escuchábamos “Miss you” de Edwin Marton, mientras le hablaba de mi vida en Rusia y el patinaje artístico. Nos encontrábamos embargados por la magia de Marton, la nostalgia y Edel refugiose sobre mi pecho.
─ Eros…. ¿Estás despierto?
Respondí con un gemido ronco.
─ ¿Me permitís hacerte una pregunta?... Por mera curiosidad
─ No, no soy homosexual. Soy un hombre…. Especial.─ Respondí anticipando su pregunta curiosa.─ ¡Y no te burléis de mi acento!─ Dije exagerándolo aún más.
Escuché su risilla entrecortada y sentí como se sonrojaba. No tardamos en caer ante el sueño, arrullados por el Vodka y “Nocturne in E-flat”.
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